1 de diciembre
1 diciembre, 2017

Tal dia farà un any

No es indiferencia, al contrario, ni es por quitarle importancia… Sant Jordi está ahí, a la vuelta de la esquina, siempre. Es como acostumbrarse a tener una mota en el ojo de por vida. Apenas reparas en ella y casi ni recuerdas cómo sentías el cristalino antes del secuestro. Incluso te da pena que la jodida mota sufra síndrome de Estocolmo cuando te acuerdas de que la tienes. ¿Pero quién secuestró a quién?

Cuando has sido librera antes que editora, como aquel que fue cocinero antes que fraile, el calendario está marcado por una brecha inexpugnabilis in eternis. Aún puedes hacer vida normal (según el normómetro de cada una) el resto del año, pero el 23 de abril siempre está ahí, como la mota. Quieras o no, puedas o no, te resistas o no, vayas de rebelde por la vida o celebres la diada con la ilusión del primer año, de nada te servirá. Una vez has cruzado al lado oscuro de los libros, tu sistema límbico y tu tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala cerebral, cuerpo calloso, septo y mesencéfalo en conjunto, te llevarán por el camino de la amargura, sin necesidad de mediar con tus estructuras cerebrales superiores, para que te inventes algo diferente, original o supercalifragilístico para el próximo Sant Jordi (que casualmente es pasado mañana).

Sea la novedad que vaya a petarlo (en tus sueños), la nueva imprenta que lo hará impecable y on time (¡ja!),  la feria más molona (siempre una ruina para ti), las firmas del autor más enrollado (con el que no te vas a enrollar), o la moñada más ideal que se te ocurre soñando con la hija de tu mejor amiga (si yo no quiero ser madre, joder), algo tienes que hacer. Por supuesto, el camino no será de rosas: ya te atragantarás luego con ellas y se pudrirán en la mesa de tu comedor mientras haces balance (que pensándolo bien, será mejor no hacerlo y cenártelas pétalo a pétalo la noche del crimen con lo más fuerte que tengas en la bodega, -ojalá Jager-). Y después, pues tal dia farà un any, y aquí paz y después gloria. Como si no hubiera pasado nada más que unas cuantas canas nuevas (si no te ha dado por arrancarte el pelo de las cejas), tres kilos menos o trescientos más, una nueva adicción y la cuenta bancaria temblando.

Conclusión: este año imprimimos en el aire y después nos iremos un rato con la música a otra parte pero antes vamos a celebrar Sant Jordi con un chupito (o dos o tres). Estaremos en Arts Libris oliendo a rosa los días 21, 22 y 23 de abril, tendremos el puesto divino de la muerte aunque no vendamos ni bromas, Pere vendrá a firmar libros y cajas de pizza el lunes de dolores y brindaremos a vuestra salud. Venid a vernos si queréis ser testigos o testigas, como mi gran amiga Chus. Porque las testigas no mienten.