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Oda a las librerías y sus artífices

Frances Steloff

Frances Steloff

Hoy es el día de las librerías, ocasión ideal para honrar en esta casa esos refugios de esperanza y a sus cabecillas. Porque las librerías (las buenas) y sus libreras (las de verdad) cumplen una función crucial que nadie debería pasar por alto a estas alturas de la película: se han convertido en oasis para poder subsistir a los desiertos de tedio y bulimia que son las ciudades de hoy. Hoy, que la cultura es tan necesaria como el prana, las librerías son de los pocos lugares que ofrecen aire limpio, filtrado con cuidado y cariño por sus paladines. Y nunca agradeceremos lo suficiente a los buenos libreros. Por eso esta pequeña editora, que fue librera ella misma un tiempo (hace un tiempo), y a la que se inoculó de bien niña el “es de bien nacida ser agradecida”, abre aquí una puerta para reconocer su labor.

Este año ha sido el de iniciar o retomar relaciones con algunas de mis personas preferidas del ámbito, valientes que gobiernan librerías con carácter, criterio y conciencia. Casi nada. Y desde aquí alzo mi taza de té Earl Grey para brindar por Javi de Anti Liburudenda (sin duda la mejor librería de todo Bilbao), por Mikel y Miguel de La Valeta, dos héroes del papel dispuestos a salvar el futuro (o por lo menos intentarlo) de las criaturas pamplonicas, por Marta y Chema, que hacen lo propio con el presente de la gente de Huesca desde la Librería Anónima, y a la más próxima, mi querida e incombustible Anna de la librería múltiplos, que dirige este buque insignia de saberes y quehaceres en el Raval de Barcelona. Os doy las gracias por contribuir a pesar de los pesares a contrarrestar el disparate con lecturas de altura, sabios consejos y publicaciones de calité. A vosotros y vuestros colegas que, desde el empeño discreto, saben que un libro (y no el Red Bull) te da alas. Gracias por no desistir a pesar de las dificultades, por rescatar joyas valiosas de entre la purria publicada sin ton ni son, por descubrirnos nuevos y viejos talentos invisibles, por separarnos el grano de la paja. Veo en vuestras librerías el espíritu de Frances Steloff (la de Memoirs of a Bookseller), que fundó con apenas 100 dólares y una treintena de libros su proyecto Gotham Book Mart, desde donde consiguió poner en jaque a la censura estadounidense erigida abanderada de la literatura de vanguardia. Así que un merecido hip hip hurra! por ella y por todos vosotros. Vuelvo a brindar, con whisky esta vez, en honor también a mis viejas amigas Libreras resoplantes, que a pesar de que bajaron la persiana hace ya más de un año, su rincón es todavía un lugar maravilloso donde volver cuando todo pierde sentido. A mí también me encanta el olor a orden alfabético por la mañana.