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Carta a Chiquito de la Calzada

Querido Chiquito,

quería desearte buen viaje. Ahora que lo pienso, es curioso ver cómo un ser de tu talla (pequeña) llegara tan alto. Porque en realidad, convencida de que nadie recordaba (o conocía siquiera) tu verdadero nombre hasta ayer, la primera impresión es la que cuenta y me alegro de que muchos como Jordi, recuerden aún el flechazo al verte por primera vez. Yo tengo mala memoria para las fechas pero soy una romántica. Según él fue en el verano del 94, algo más de un año después de que le hubieras dicho adiós a Lucas por primera vez. Y a partir de entonces entraste en la vida de todos. De eso sí que me acuerdo.

Tu “mundo Chiquito” del que habla Évole penetró en el lenguaje de esta generación X que ya no sabe si viene o va, ¿te da cuenn? Piénsalo un momento, tú que ya estabas de retirada del cante flamenco cuando la televisión privada de los noventa te catapultó; tú que habías aprovechado la oportunidad de vivir dos años en Japón sin pestañear ni hablar nada más que el idioma de un pecador de la pradera; tú que te convertiste en un icono de masas con su propia línea de aperitivos… Tú, que eras un genio del lenguaje, en el fondo y en la superficie. Que el chiste era lo de menos; ya nos dimos cuenta. Lo importante era la literatura, el rollo que le echabas alargando las historias como el chicle con desparpajo, surrealismo, comparaciones imposibles, palabros inventados y el pasito p’alante y p’atrás…

Ahora va a resultar que fuiste tú quien inventó el storytelling. Me juego una cena. Porque a ver quién puede decir que ha llegado a ser baremo de la báscula anti-complejos en el Museo de Ideas e Inventos de Barcelona junto a Kate Moss. Y hoy que estamos todas enganchadas a esa mierda, creo que debemos darte las gracias por enseñarnos a discriminar el talento de un fistro cuentista de las tácticas de aquellos que solo quieren meternos el cuento chino doblado. Así que agradecida y emocionada, te quería enviar esta misiva de tocaya a tocayo para desearte buena travesía, sabiendo (yo estoy con Carmen) que vivirás para siempre en nuestro idioma y corazones.