Blank Friday

Una de las cosas que más me gusta de trabajar con papel es recordar que es un material vivo, regalo de los árboles. El resto de ridículas convenciones, adquiridas para alimentar la avidez del engendro capitalista neoliberal, me la trae bastante al pairo. Y hoy maldigo esa artimaña comercial del Black Friday, cuando además descubro que es herencia de la esclavitud. El día después de Acción de Gracias, los comerciantes de esclavos los vendían rebajados para la temporada de invierno. De ahí el nombre de esta jornada. Despiadada reminiscencia.

Pienso que el desmesurado consumismo de todo lo consumible es hoy la verdadera esclavitud de nuestra sociedad; de la nuestra porque puede, claro. Ropa, objetos, comida, drogas, tiempo, fotografías, ligues, series, viajes, experiencias, internet… Me viene a la mente la imagen de los árboles. Esos guardianes de la magia, que consumen precisamente lo que necesitan para después transformarlo en algo tan valioso como el oxígeno o el papel, que se abren paso a la luz, que apuntalan sus raíces en la Tierra con la libertad apropiada, adaptándose al medio sin dejar de ser ellos mismos. Un puntito de conciencia nos ayudaría a entender de dónde provienen esas “trampas” de factura humana que no hacen más que perpetuar la esclavitud, propia y ajena. Así tomaríamos decisiones más responsables.