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Sobre el arte, el porno y la puritana censura contra Egon Schiele

Después de leer estupefacta la noticia de que Reino Unido y Alemania censuran a Egon Schiele y rechazan la campaña de la Oficina de Turismo de Viena para celebrar el fin de siècle por considerarla pornográfica, Chiquita se embarca en un proceso de reflexión sobre el arte, el porno y el puritanismo contemporáneo. Schiele, uno de sus favoritos del mundo mundial, fue exponente precursor de la identidad sexual a través del arte, cuando sus pinturas supusieron un corte transversal y fueron consideradas, ya hace cien años, como pornográficas. Lo tristísimo es que a día de hoy siga siendo públicamente objeto de censura.

La vuelta de tuerca de la Oficina de Turismo de Viena ha sido atinada para continuar con la campaña de los desnudos, censurada para las grandes ciudades británicas y alemanas con una banda que oculta los genitales, añadiendo el texto en inglés “Lo siento, 100 años pero demasiado atrevido para hoy” junto al hashtag #ToArtItsFreedom. La campaña se convierte así en una intervención urbana y política, crítica contra el puritanismo contemporáneo en favor del arte con mayúsculas, que rompió hace cien años con el academicismo más conservador. Lo más probable es que el propio Egon no se sorprendiera de tal reacción (en vida fue rechazado, censurado e incluso encarcelado) y se reafirmara: “reprimir a un artista es un delito, significa asesinar la vida en gestación”. ¿Qué les molesta tanto de Schiele? ¿Qué les molesta tanto de un cuerpo desnudo? Porque si el arte no puede tratar la vida en toda su dimensión, ¿qué sentido tiene? Si el arte no puede abordar el cuerpo desnudo en toda su dimensión, ¿qué sentido tiene?

Y en estas, Chiquita investiga otras vías actuales de representación de las identidades corporales y las libertades sexuales fuera del porno incubado en las salas de máquinas del heteropatriarcado de rancio abolengo. Y descubre la revista de factura alemana (precisamente) Pornceptual, que propone por ejemplo un estudio visual menos habitual. Aquella pornografía que integra, cuestiona, presenta la realidad como diversa, inclusiva, queer, con la intención de probar que puede ser respetuosa, íntima y artística, mientras cuestiona las etiquetas del porno más conocido o habitual; el de la búsqueda del millón de dólares en Google. La que suscribe es de la opinión de que la industria del porno masivo ha hecho mucho daño a las relaciones sexuales reales, y preguntas como si puede el arte responder ante ese fracaso para ponernos a tono, parecen sugerentes. Más aún, viendo que esta manera de comerciar con las pasiones e instintos del ser humano se ha presentado mayoritariamente desde preceptos heteronormativos, repetitivos, soeces, vulgares e insultantes para quienes se cuestionan si deben encajar de manera forzada en un sistema binario contrario a la complejidad de la naturaleza humana. Pero de nuevo parece que hay otras maneras posibles y hago la ola ante este tipo de iniciativas críticas, que van más allá en la figuración impositiva de las identidades o libertades sexuales. Así como aquellas que sortean con imaginación la censura y la mojigatería, dando un giro fresco y sin prejuicios a lo que también somos o deseamos. Como una bofetada silenciosa para intentar garantizar “a cada tiempo su arte, y a cada arte su libertad”.